Mujeres que me inspiran: Diana de Gales

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En agosto, se cumplen 20 años de la trágica muerte de una de las mujeres más revolucionarias y comprometidas que el mundo ha podido conocer. Ambos adjetivos parecen un poco demasiado para la hija de una familia aristócrata de Reino Unido, que se convirtió en princesa al casarse con el heredero de la corona británica y que fue madre de un futuro rey.

Pero la verdad es que Diana Spencer rompió todos los esquemas que se le impusieron desde una corte y un protocolo muy rígidos. En lo personal, enfrentó una enorme avalancha de cambios, reglas y exposiciones al momento de casarse con el príncipe Carlos y, algunos años más tarde, hizo lo mismo con los medios y sus propios suegros (¡Los reyes!) cuando decidió terminar su matrimonio por la también ultra pública relación paralela de su marido.

¿Se imaginan lo difícil que pudo ser todo esto para una mujer icónica, un modelo a seguir para muchas otras mujeres en el mundo, en plena década de los 90? A eso, súmenle la dureza de una corte que, una vez terminados los lazos familiares, le limitaban las visitas a sus hijos, los príncipes William y Harry.

Por eso, lo que más admiro de Diana es su capacidad de sobreponerse a la adversidad y, sobre todo, de orientar la energía de un corazón tan grande como el de ella. Y eso porque la princesa no se hizo mundialmente famosa por su belleza y su estilo impecable en las actividades reales, sino que principalmente por su compromiso humanitario.

Desde finales de los 80, Diana se convirtió en una voz líder en las causas y programas relacionados a niños pobres en África, compartiendo con referentes mundiales tan fundamentales como Nelson Mandela, el Dalái Lama y la madre Teresa de Calcuta. Fue presidenta y directora de un gran número de fundaciones de beneficencia, a las que les dedicaba tiempo y sus propios recursos para mantenerlas.

Es sabido, por ejemplo, que tomó la acertada idea de su hijo William y remató vestidos y joyas para financiar proyectos de gran envergadura social.

Además de la pobreza, se abocó a trabajar por los pacientes con SIDA, ancianos y dependientes de las drogas. Su último compromiso, y por el que el mundo político la recuerda, fue el de la erradicación de las minas antipersona. Algunos recordarán esa imagen tan potente de la princesa caminando sobre un campo minado para comprobar en terreno todo el trabajo de desarme. Se estima que Diana permitió llevar adelante varias acciones contra el uso de este tipo de armas y la campaña en la que participó ganó el Premio Nobel de la Paz el mismo año de su muerte.

¿Quién podría pensar, entonces, que el apodo “princesa de corazones” no está más que merecido? Diana inspiró y sigue inspirando a hombres y mujeres para luchar por un mundo más inclusivo y pacífico.

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